HISTORIAS DE LEY

WEMBLEY. El estadio que nació para una exposición y acabó convertido en la catedral del fútbol

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España vuelve este sábado a Wembley. Inglaterra espera a los campeones del mundo en un escenario que forma parte de la historia de ambas selecciones, aunque pocas veces ha sido neutral para quien lo visita. Allí Inglaterra levantó su único Mundial, España sufrió una de sus eliminaciones más recordadas y los clubes españoles han escrito algunas de las páginas más brillantes de la Copa de Europa. Pero la primera gran sorpresa de Wembley está mucho antes de cualquiera de esos partidos. El estadio que acabaría convertido en uno de los templos del deporte mundial nació para una exposición y estuvo cerca de desaparecer cuando aquella exposición terminó. El Inglaterra-España del sábado 26 de septiembre, a las 20.45, ofrece la excusa perfecta para regresar a su historia.

El Wembley original fue construido como pieza central de la British Empire Exhibition de 1924 y 1925. Entonces se llamaba Empire Stadium y había sido concebido como uno de los grandes escaparates de aquella exposición. Las obras avanzaron a una velocidad extraordinaria y, cuando el recinto estuvo terminado en 1923, la intención de que aquella inmensa construcción sobreviviera indefinidamente no estaba ni mucho menos asegurada. La exposición acabó teniendo problemas económicos y hubo planes para demoler el estadio. Wembley sobrevivió a ellos y lo que había nacido prácticamente como una instalación ligada a un acontecimiento temporal acabaría permaneciendo durante casi ochenta años.

Wembley pudo desaparecer cuando terminó la exposición para la que había sido construido. Terminó convirtiéndose en uno de los estadios más reconocibles del planeta.

La leyenda, en realidad, había comenzado incluso antes de aquella exposición. El 28 de abril de 1923, Bolton Wanderers y West Ham disputaron allí la final de la FA Cup. La multitud desbordó las previsiones y miles de espectadores terminaron ocupando incluso el terreno de juego. Entre aquella masa apareció una de las imágenes fundacionales de Wembley, la de un policía montado tratando de despejar el césped. Su caballo se llamaba Billie, aunque su apariencia clara hizo que aquel encuentro pasara a la historia como la White Horse Final. El primer gran partido del nuevo estadio ya había conseguido producir una imagen capaz de sobrevivirle.

Wembley fue acumulando después acontecimientos hasta convertir su nombre en algo mucho mayor que una dirección londinense. Fue escenario central de los Juegos Olímpicos de 1948 y, en 1966, acogió el partido que terminó definiendo buena parte de la identidad futbolística inglesa. Inglaterra derrotó 4-2 a Alemania Federal en la final del Mundial y Geoff Hurst firmó un triplete. Uno de aquellos goles, con un remate al larguero que botó junto a la línea de meta, continúa siendo discutido más de medio siglo después.Y una parte física de aquel momento todavía permanece allí.

El nuevo Wembley conserva el travesaño de la final del Mundial de 1966.

No es el único objeto que conecta los dos estadios. También conserva el pebetero y otros recuerdos de los Juegos Olímpicos de 1948 y, especialmente, la bandera olímpica que durante aquellos Juegos ondeó desde una de las Twin Towers del viejo Wembley. Cuando fue recuperada para su exposición en 2012, el propio estadio reconocía incluso que existían dudas sobre si aquella bandera podía ser anterior y proceder de los Juegos de Berlín de 1936. La certeza es otra. El estadio actual, inaugurado décadas después de la demolición de las torres, guarda todavía dentro una bandera que había ondeado sobre una de ellas.

Las famosas Twin Towers acabarían siendo inseparables de la imagen del Wembley original. Durante décadas, atravesarlas significaba llegar al gran escenario del fútbol inglés. Cuando el antiguo estadio fue demolido, también desaparecieron las torres. El nuevo recinto, inaugurado en 2007, necesitó por ello construir su propio símbolo. Lo encontró en un arco de 133 metros de altura y 315 metros de longitud que no solo identifica actualmente al estadio desde kilómetros de distancia, sino que forma parte de la estructura que sostiene su cubierta.

El viejo Wembley había encontrado entretanto otro modo de entrar en la historia del fútbol español.

El 20 de mayo de 1992, Johan Cruyff llevó al Barcelona hasta la final de la Copa de Europa contra la Sampdoria. El partido llegó sin goles a la prórroga y, en el minuto 112, Ronald Koeman transformó una falta que dio al Barça la primera Copa de Europa de su historia. Aquel disparo no solo cambió la relación del club con la máxima competición continental. Convirtió Wembley en un lugar fundamental de la memoria azulgrana.

Diecinueve años después, el Barcelona regresó al mismo nombre pero a un estadio completamente nuevo. En la final de 2011 se enfrentó al Manchester United y produjo una de las grandes actuaciones de su época. Pedro, Messi y Villa marcaron en el 3-1 que dio al Barça su cuarta Copa de Europa. Wembley había cambiado sus torres por un arco, pero el resultado para el club español volvía a ser el mismo.

Y todavía faltaba el Real Madrid. En 2024, Wembley acogió por octava vez una final de la Copa de Europa o Champions League. El Borussia Dortmund resistió durante buena parte del encuentro hasta que Dani Carvajal abrió el marcador y Vinícius Júnior hizo el segundo. El Real Madrid levantó allí su Decimoquinta Copa de Europa, precisamente en la primera final por el título continental que disputaba el club blanco en Wembley.

Barcelona ganó en Wembley su primera Copa de Europa en 1992 y volvió a ser campeón allí en 2011. El Real Madrid conquistó en el mismo escenario la Decimoquinta en 2024. Tres finales de clubes españoles. Tres victorias.

España, como selección, ha tenido una relación bastante más accidentada con el estadio. La primera victoria contra Inglaterra en Wembley no llegó hasta 1981, gracias a los goles de Satrústegui y Zamora. En 1996 regresó para disputar los cuartos de final de la Eurocopa frente al anfitrión. El 0-0 llevó la eliminatoria a los penaltis y España volvió a marcharse de Londres sin superar aquella barrera.

El nuevo Wembley sí conoció una victoria española en septiembre de 2018. Inglaterra se adelantó con Rashford, pero Saúl Ñíguez y Rodrigo Moreno remontaron el partido para la España que acababa de estrenar a Luis Enrique como seleccionador. Fue un 1-2 que rompía treinta y siete años sin ganar allí.

La última visita, sin embargo, volvió a terminar desde el punto de penalti. El 6 de julio de 2021, España se enfrentó a Italia en las semifinales de una Eurocopa disputada un año más tarde de lo previsto por la pandemia. Federico Chiesa marcó primero y Álvaro Morata empató a diez minutos del final. Después de la prórroga llegó otra tanda. Dani Olmo mandó fuera el primer lanzamiento español, Donnarumma detuvo el de Morata y Jorginho convirtió el definitivo. Italia ganó 4-2 en los penaltis y terminó conquistando la Eurocopa cinco días después en ese mismo estadio.

La última vez que España estuvo en Wembley también salió eliminada en los penaltis. Fue ante Italia en las semifinales de la EURO 2020.

Pero Wembley nunca ha pertenecido únicamente al fútbol. El boxeo, el rugby league, el fútbol americano, los Juegos Olímpicos y algunos de los mayores acontecimientos musicales del siglo XX también construyeron su reputación.

Y pocos nombres están tan ligados al estadio como Queen.

El 13 de julio de 1985, Wembley acogió la parte británica de Live Aid, el gigantesco concierto organizado simultáneamente con Filadelfia para recaudar fondos contra la hambruna en África. Más de mil millones de personas siguieron la retransmisión en 110 países y la actuación de Queen, con Freddie Mercury dominando durante poco más de veinte minutos a las decenas de miles de personas que llenaban el estadio, terminó convertida en uno de los grandes momentos de la historia de la música en directo.

La relación no terminó allí. Queen volvió al año siguiente con su Magic Tour y ofreció dos conciertos en Wembley los días 11 y 12 de julio de 1986. Entre ambas noches reunieron alrededor de 144.000 espectadores. El segundo concierto fue grabado y acabaría convertido en el célebre Live at Wembley ’86. Fueron además las últimas actuaciones de Freddie Mercury en Londres con Queen.

Wembley vio a Inglaterra ganar un Mundial, al Barcelona conquistar su primera Copa de Europa y a Freddie Mercury convertir un estadio entero en parte del espectáculo.

Quizá ahí esté la verdadera singularidad del lugar. Wembley ha conseguido algo que muy pocas instalaciones deportivas alcanzan. Su nombre significa más que el edificio que ocupa actualmente aquel espacio. El estadio original ya no existe. Las Twin Towers desaparecieron. El césped es otro. La estructura es completamente distinta. Y, sin embargo, cuando un equipo alcanza Wembley sigue existiendo la sensación de haber llegado a un lugar especial.

Este sábado España volverá allí. Será la primera visita desde aquella tanda contra Italia en 2021 y otra página se añadirá a una historia que comenzó hace más de un siglo con un estadio levantado para una exposición y que estuvo cerca de desaparecer cuando aquella exposición terminó.

No desapareció. Fue demolido y volvió a levantarse. Cambió dos torres por un arco, pero conservó dentro algunos objetos de su propia memoria. Vio pasar Mundiales, Juegos Olímpicos, finales europeas, peleas, conciertos y generaciones enteras de deportistas. Pelé lo llamó «la catedral del fútbol».

Nació para ser temporal y terminó convirtiéndose en un lugar permanente en la historia del deporte.

DeporteDeLey

Autor/a y colaborador/a de Deporte de Ley.

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