HISTORIAS DE LEY

«HISTORIAS DE LEY»: JUEGOS OLÍMPICOS DE LA JUVENTUD. De Singapur a Dakar.

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De Singapur a Dakar, la historia de unos Juegos que han llevado el olimpismo por primera vez a África

África ha dado al olimpismo algunos de sus campeones más extraordinarios. Desde los fondistas etíopes y kenianos hasta los grandes atletas y nadadores sudafricanos, sus deportistas llevan décadas escribiendo páginas fundamentales de la historia olímpica. Sin embargo, había algo que el continente todavía no había conseguido. Organizar unos Juegos bajo los cinco anillos. Este 31 de octubre de 2026, esa espera termina en Senegal. Dakar inaugura los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados en África y el primer acontecimiento deportivo olímpico organizado en suelo africano. Una fecha histórica que permite descubrir una competición bastante más joven de lo que su nombre sugiere.

La historia comienza en 2007. Jacques Rogge, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, llevaba tiempo defendiendo la necesidad de conectar el movimiento olímpico con las nuevas generaciones. Su propuesta no consistía simplemente en organizar unos Juegos reducidos para deportistas menores de edad. Pretendía crear una experiencia que combinara competición de élite, educación, convivencia internacional y transmisión de los valores olímpicos. En julio de aquel año, la Sesión del COI celebrada en Ciudad de Guatemala aprobó por unanimidad el nacimiento de los Juegos Olímpicos de la Juventud.

El olimpismo había creado unos Juegos de invierno en 1924. Tuvieron que pasar más de ochenta años para que incorporara una nueva gran competición olímpica.

Singapur fue elegida para organizar la primera edición de verano. El 14 de agosto de 2010, aproximadamente 3.600 deportistas de más de 200 delegaciones inauguraron una experiencia desconocida hasta entonces. Durante doce días compitieron en 26 deportes, pero también participaron en actividades culturales, talleres y programas educativos. La intención era que regresaran a sus países no solo con una medalla o una experiencia deportiva, sino con herramientas para afrontar sus carreras y convertirse en referentes de sus comunidades.

Aquella primera edición introdujo además fórmulas que desafiaban algunas tradiciones olímpicas. Hubo pruebas mixtas de hombres y mujeres, equipos integrados por deportistas de diferentes comités olímpicos nacionales y disciplinas adaptadas a las nuevas generaciones. El baloncesto 3×3, hoy consolidado en el programa olímpico absoluto, tuvo en Singapur 2010 una de sus primeras grandes plataformas internacionales.

También hubo nombres que demostraron que los Juegos juveniles podían ser la antesala de la élite. El sudafricano Chad le Clos ganó cinco medallas en Singapur. Dos años después, en Londres 2012, derrotó a Michael Phelps en la final olímpica de los 200 metros mariposa. Aquel joven africano que había brillado en los primeros Juegos de la Juventud se convirtió en campeón olímpico absoluto.

Un sudafricano fue una de las primeras grandes estrellas de los Juegos de la Juventud. Dieciséis años después, esos mismos Juegos llegan por primera vez a su continente.

El proyecto continuó creciendo. En 2012 llegaron los primeros Juegos de invierno, celebrados en Innsbruck. Nankín organizó la segunda edición de verano en 2014 y convirtió su Sports Lab en un espacio para experimentar con disciplinas como la escalada, el skateboarding y el wushu. Lillehammer acogió los de invierno en 2016. No todas aquellas modalidades estaban entonces integradas en el programa olímpico absoluto. Los Juegos juveniles empezaban a funcionar también como un laboratorio de nuevos deportes y formatos.

Buenos Aires 2018 marcó otro punto de inflexión. La tercera edición de verano reunió a unos 4.000 atletas y alcanzó por primera vez la igualdad numérica de participación entre mujeres y hombres. Después llegaron los Juegos de invierno de Lausana 2020 y Gangwon 2024. Esta última cita reunió aproximadamente a 1.800 deportistas en Corea del Sur.

La familia olímpica juvenil ya tenía, por tanto, siete ediciones celebradas. Tres de verano y cuatro de invierno. Su siguiente destino estaba llamado a cambiar la geografía del movimiento olímpico.

En octubre de 2018, durante la Sesión del COI celebrada precisamente en Buenos Aires, Senegal fue elegido para organizar los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2022. Por primera vez, una sede africana recibía la responsabilidad de organizar un acontecimiento deportivo olímpico. El proyecto estaba llamado a representar algo más que una competición internacional. Se trataba de abrir nuevas oportunidades deportivas y organizativas en un continente que, pese a su extraordinaria aportación de atletas, nunca había acogido unos Juegos.

Pero apareció la pandemia….En julio de 2020, Senegal y el COI acordaron aplazar la celebración hasta 2026. La crisis sanitaria había alterado profundamente el calendario deportivo internacional y las capacidades organizativas y financieras del movimiento olímpico. La consecuencia fue una espera de ocho años entre Buenos Aires 2018 y Dakar 2026.

Durante ese periodo también cambió el propio modelo de los Juegos. Los Juegos Olímpicos de la Juventud no son unos Juegos Olímpicos absolutos en pequeño. Sus deportistas compiten bajo criterios específicos de edad y elegibilidad. Para Dakar 2026, la edad máxima es de 17 años, con requisitos particulares establecidos para cada disciplina. El COI determina los cupos de participación y las federaciones internacionales fijan los requisitos deportivos mínimos. Los comités olímpicos nacionales gestionan sus delegaciones.

En Dakar se ha introducido además un sistema de participación que elimina la necesidad de organizar clasificatorios específicos para estos Juegos y busca equilibrar mérito deportivo, universalidad y oportunidades de representación. Los 206 comités olímpicos nacionales reconocidos por el COI tienen una vía de participación, con especial atención a los 54 africanos.

Hay otra diferencia esencial. Fuera de los terrenos de juego, los deportistas participan en actividades educativas relacionadas con integridad, prevención de lesiones, formación personal y convivencia intercultural. Los referentes deportivos y antiguos olímpicos colaboran en ese aprendizaje. El objetivo no consiste únicamente en descubrir campeones, sino también en acompañar su desarrollo como personas.

El programa deportivo de Dakar demuestra hasta qué punto ha evolucionado la competición. Participan aproximadamente 2.700 deportistas en 153 pruebas con medalla, distribuidas entre 25 deportes de competición. Junto al atletismo, la natación, la gimnasia, el judo, el boxeo o el ciclismo aparecen formatos como el baloncesto 3×3, el futsal, el béisbol5, el balonmano playa, el remo de mar, el rugby a siete, el vóley-playa, la lucha de playa, el skateboarding y el breaking. También se incorpora el wushu como deporte de competición.

Otros diez deportes, entre ellos el tenis, el golf, el surf, la escalada y el piragüismo, forman parte del programa de participación y descubrimiento, sin disputar medallas. Es una de las novedades del modelo de Dakar. No todos los deportes presentes tienen que formar parte de una competición oficial para contribuir al desarrollo del olimpismo.

La igualdad de género vuelve a ocupar un lugar central. El programa incluye 73 pruebas femeninas, 73 masculinas y siete mixtas, con equilibrio en los cupos de participación.

Dakar no solo lleva los Juegos a un nuevo continente. También estrena una manera diferente de organizar su programa deportivo.

Los escenarios se reparten entre tres zonas de Senegal. Dakar, su capital. Diamniadio, donde se encuentra la Villa Olímpica de la Juventud y varias de las principales instalaciones. Y Saly, en la costa atlántica, que acoge modalidades vinculadas al mar y a la playa. La elección responde también a una estrategia de legado. El COI ha buscado adaptar la dimensión de los Juegos a las condiciones del territorio, aprovechar instalaciones y evitar que la competición termine dejando infraestructuras sin utilidad posterior. El verdadero resultado organizativo tendrá que medirse cuando se apaguen los focos y Senegal pueda comprobar qué instalaciones, programas y oportunidades permanecen.

Dakar incorpora asimismo otro hito. Por primera vez participa en unos Juegos Olímpicos de la Juventud un Equipo Olímpico de Refugiados, formado por seis deportistas residentes en África, con representación equilibrada de mujeres y hombres. Competirán en atletismo, judo y taekwondo.

La cita comenzó deportivamente el 30 de octubre con el béisbol5, antes de la ceremonia inaugural de este sábado 31. Los Juegos se prolongarán hasta el 13 de noviembre. Para Senegal representan un desafío de organización, infraestructura, formación y proyección internacional. Para África, la posibilidad de demostrar que también puede ser protagonista como anfitriona del movimiento olímpico.

Y para el COI constituyen una prueba de su modelo de futuro. Los próximos Juegos juveniles de invierno están previstos para 2028 en Dolomiti Valtellina, Italia. Pero antes habrá que comprobar qué deja Dakar y si la apuesta por una competición más flexible, educativa y adaptada a su entorno cumple las expectativas que justificaron su creación.

Porque los Juegos Olímpicos de la Juventud nacieron en 2007 para responder a una pregunta. Cómo acercar el olimpismo a los jóvenes. En Singapur encontraron su primer escenario. En Nankín comenzaron a experimentar con nuevos deportes. En Buenos Aires alcanzaron la igualdad de participación entre hombres y mujeres. Y ahora, en Dakar, afrontan su desafío más simbólico.

África llevaba más de un siglo participando en la historia olímpica. Por primera vez, esa historia se escribe desde África como anfitriona.

Quizá ese sea el verdadero significado de Dakar 2026. No solo descubrir a quienes podrán convertirse en campeones olímpicos dentro de unos años. Sino demostrar que el futuro del olimpismo también pasa por los lugares a los que sus Juegos todavía no habían llegado.

DeporteDeLey

Autor/a y colaborador/a de Deporte de Ley.

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