Este fin de semana España vuelve a jugarse una parte importante de su temporada de Copa Davis. El equipo de David Ferrer visita a Chile los días 19 y 20 de septiembre en el Estadio Nacional de Santiago y el premio es enorme. El ganador estará en noviembre entre las ocho selecciones que disputarán en Bolonia el título mundial. Es una buena excusa para mirar hacia atrás porque, detrás de esa eliminatoria, hay una competición que comenzó hace 126 años como un desafío casi privado entre dos países y que hoy reúne a más de 150 naciones.
Y, como ocurre tantas veces en Historias de Ley, todo empezó de una manera mucho más sencilla de lo que cabría imaginar.
A finales del siglo XIX, cuatro jugadores del equipo de tenis de la Universidad de Harvard pensaron que sería interesante organizar un enfrentamiento internacional entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Uno de ellos, Dwight Filley Davis, fue bastante más lejos. Diseñó el formato de la competición y encargó personalmente el trofeo que debía recibir el ganador. Lo pagó de su propio bolsillo. La primera eliminatoria se celebró en 1900 en el Longwood Cricket Club de Boston y Estados Unidos sorprendió al equipo británico asegurándose la victoria con un 3-0 antes de completar el enfrentamiento.
Una de las competiciones más importantes del tenis mundial nació porque un estudiante de Harvard quiso organizar un Estados Unidos–Gran Bretaña y pagó personalmente el trofeo.
Ni siquiera se llamaba Copa Davis.
El nombre oficial era International Lawn Tennis Challenge. Sin embargo, aquel trofeo adquirido por Dwight Davis empezó a adquirir tanta importancia que la competición terminó siendo conocida popularmente por su apellido. El trofeo había sido diseñado por William Durgin y elaborado por Rowland Rhodes. La conocida “ensaladera” acabó convirtiéndose en uno de los objetos más reconocibles del tenis mundial y dio nombre a un torneo que inicialmente no llevaba el nombre de su creador.
La competición pronto dejó de ser un simple duelo anglosajón. Otros países fueron incorporándose y, en los años veinte, ya participaban regularmente más de veinte naciones. Durante sus primeras décadas, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australasia dominaron casi por completo el torneo. Aquella hegemonía se rompió en 1927 gracias a Francia y a una generación que acabaría formando parte de la mitología del tenis. Jean Borotra, Jacques Brugnon, Henri Cochet y René Lacoste, los famosos Cuatro Mosqueteros, condujeron a Francia a seis títulos consecutivos.
Para entonces España ya había aparecido en la historia.
El debut llegó en 1921 frente a Gran Bretaña en el London Country Club de Hendon. El primer equipo español estuvo formado por Manuel Alonso, José María Alonso, Manuel Pérez-Seoane, conocido como el Conde de Gomar, y Eduardo Flaquer. España perdió aquella eliminatoria por 4-1, aunque Manuel Alonso consiguió el primer punto español de la historia. Un año después llegaría la primera victoria en una eliminatoria, frente a India. Y todavía habría que esperar hasta 1926 para que España pudiera jugar por primera vez una eliminatoria de Copa Davis como local.
España empezó a jugar la Copa Davis en 1921. Tardaría 79 años en levantarla por primera vez.
Ese dato explica bastante bien lo difícil que fue convertir a España en una potencia de la competición. Hubo generaciones magníficas mucho antes del primer título. En 1965 y 1967, con Manolo Santana como gran referencia, España alcanzó por primera vez dos finales, pero Australia impidió que llegara la ansiada ensaladera. Santana terminaría convirtiéndose además en el jugador español con más victorias en la historia de la competición.
La propia Copa Davis también fue cambiando. Durante décadas existió una peculiaridad que hoy resultaría extraña. El campeón vigente no tenía que recorrer todo el torneo al año siguiente. Esperaba directamente en la llamada Challenge Round, donde recibía al aspirante que había superado el resto del cuadro. Esa ventaja desapareció en 1972. Desde entonces, el campeón tendría que volver a competir desde el comienzo como todos los demás. En 1981 llegó otra transformación importante con la creación del Grupo Mundial, formado por las dieciséis mejores selecciones, mientras el resto quedaba estructurado en grupos geográficos con ascensos y descensos.
La Copa Davis había dejado de ser aquel desafío entre dos países para convertirse en una auténtica estructura mundial.
Y España tardó hasta el cambio de siglo en conquistarla.
El 10 de diciembre de 2000, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, Juan Carlos Ferrero derrotó a Lleyton Hewitt y consiguió el punto definitivo ante Australia. El equipo formado por Ferrero, Àlex Corretja, Albert Costa y Joan Balcells lograba así el primer título español después de casi ocho décadas de intentos. Aquel triunfo no cerró una historia. La abrió.
España necesitó 79 años para ganar su primera Copa Davis. Después conquistó seis en menos de dos décadas.
Llegaron los títulos de 2004, 2008, 2009, 2011 y 2019. Seis en total. España ocupa actualmente el sexto lugar del palmarés histórico por número de campeonatos, detrás de Estados Unidos, Australia, Francia, Gran Bretaña y Suecia. La relación del tenis español con la competición produjo además una de las estadísticas más extraordinarias de la historia moderna del torneo. Entre 2000 y 2022, España ganó 34 eliminatorias consecutivas como local, la racha más larga registrada por una selección en casa.
Rafael Nadal terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de esa época. Debutó en la competición en 2004 con 17 años y formó parte de cuatro de los seis equipos españoles campeones. Su última gran participación llegó en 2019, cuando Madrid estrenó un formato completamente diferente y España derrotó a Canadá en la final para conquistar su sexto título.
Aquel 2019 supuso también probablemente la mayor revolución en la historia de la Copa Davis. El formato tradicional de eliminatorias repartidas durante el año fue sustituido en la fase decisiva por una concentración de selecciones en una misma sede. La primera edición de las nuevas Davis Cup Finals reunió a 18 equipos en Madrid. El modelo siguió modificándose posteriormente hasta llegar a la actual Final 8. Desde 2022 ocho selecciones disputan la fase final mediante eliminatorias directas, y desde 2025 existe además un proceso clasificatorio en dos rondas antes de llegar al torneo decisivo.
La transformación abrió un debate que continúa acompañando a la competición. La Copa Davis había construido durante más de un siglo gran parte de su identidad alrededor de las eliminatorias como local o visitante, de elegir superficie, de viajar al país rival y de disputar cinco partidos a lo largo de varios días. El nuevo modelo concentró la fase final y redujo esa experiencia precisamente para hacer el producto más compacto, televisivo y comercial. Sin embargo, la organización ha ido recuperando progresivamente parte de aquel espíritu mediante las eliminatorias clasificatorias de local y visitante. Hoy esos cruces vuelven a disputarse al mejor de cinco partidos durante dos días, con dos individuales en la primera jornada y el dobles abriendo la segunda.
La Copa Davis lleva más de un siglo intentando resolver la misma tensión. Ser una competición mundial sin perder aquello que la hizo diferente. Jugar por tu país, ante tu público o contra el público rival.
Ese es precisamente el escenario que España encontrará este fin de semana en Santiago.
Chile y España se enfrentarán en el Estadio Nacional por una plaza en la Final 8 de Bolonia. Y hasta el lugar tiene su propia pequeña conexión con la historia del torneo. En ese mismo Estadio Nacional, Chile disputó en 1976 la única final de Copa Davis de su historia. Perdió 4-1 frente a Italia, que conquistó allí su primer título. Medio siglo después, el tenis español llegará al mismo escenario intentando mantener abierta su carrera hacia una séptima ensaladera.
La competición que comenzó en Boston con dos países cuenta hoy con 157 naciones participantes, según los datos de la organización correspondientes a 2025, y se presenta como la mayor competición internacional anual por equipos del deporte. Estados Unidos conserva el récord con 32 títulos, Australia suma 28 y apenas dieciséis países han conseguido levantar alguna vez el trofeo. Italia, campeona en 2023, 2024 y 2025, defenderá en noviembre su actual hegemonía desde Bolonia.
Pero quizá la mejor explicación de la Copa Davis no esté en sus cifras.
El tenis es uno de los deportes más individuales que existen. Un jugador compite solo, administra sus errores solo y gana o pierde fundamentalmente para sí mismo. Durante unos días al año, la Copa Davis altera completamente esa lógica. Aparecen una camiseta nacional, un capitán, compañeros sentados junto a la pista, un público que ya no anima únicamente a un jugador y un resultado que pertenece a un país.
Eso era lo que cuatro universitarios de Harvard intentaban organizar en 1899.
Probablemente ninguno imaginó lo que acababan de poner en marcha.
Dwight Davis compró una copa para un partido entre dos países. Terminó dando nombre a una competición que lleva más de un siglo convirtiendo el tenis individual en un deporte de equipo.
