El fútbol lleva varias temporadas buscando fórmulas para combatir las pérdidas de tiempo y esta campaña ha dado un paso más. La intención es difícilmente discutible. Conseguir que una lesión no pueda utilizarse como pausa táctica, impedir que determinados parones sirvan para transmitir instrucciones y proteger el ritmo del partido. El problema aparece cuando la solución diseñada para reducir esas interrupciones termina introduciendo nuevas esperas y, además, consecuencias deportivas para quien realmente está lesionado.
Lo ocurrido en los últimos minutos del Real Sociedad–Espanyol fue una buena muestra. Álex Remiro necesitó atención tras hacerse daño en el hombro y la aplicación del nuevo protocolo provocó que Igor Zubeldia tuviera que abandonar temporalmente el terreno de juego. La Real quedó durante un minuto con diez futbolistas mientras defendía precisamente un saque de esquina y las protestas posteriores acabaron elevando todavía más la tensión de una acción que había comenzado simplemente con la atención a un lesionado.
Conviene aclarar qué estamos viendo. IFAB establece expresamente que durante 2026/27 está desarrollando ensayos relacionados con los retrasos originados por las lesiones de los guardametas. España participa con autorización de IFAB y el CTA ha elegido el denominado Protocolo B. Si el juego se detiene por una lesión real o presunta del portero, el entrenador dispone de diez segundos para designar a un jugador de campo que deberá salir y permanecer fuera hasta que haya transcurrido un minuto desde la reanudación. Si no lo designa, saldrá el capitán.
La finalidad es loable. IFAB pretende disuadir de las denominadas lesiones tácticas del guardameta, utilizadas para romper el ritmo o facilitar instrucciones desde el banquillo. Pero su primera aplicación plantea una contradicción evidente. El tiempo que ya se ha perdido atendiendo al portero no se recupera obligando después a salir a un compañero. Al contrario, aparece una nueva gestión arbitral para determinar quién abandona el campo, comunicarlo, controlar su salida y cronometrar su regreso.
Y existe además un problema parecido con los jugadores de campo. Las Reglas 2026/27 establecen que quien provoque una interrupción por lesión o reciba reconocimiento o tratamiento deberá permanecer fuera durante un minuto desde la reanudación. La excepción aparece, entre otros supuestos, cuando la lesión deriva de una infracción física por la que el adversario es amonestado o expulsado.
Ahí surge otra situación difícil de explicar. Un futbolista puede sufrir una lesión muscular real, o recibir un golpe que el árbitro no sancione disciplinariamente y que tampoco pertenezca a los supuestos revisables por el VAR, y terminar además dejando a su equipo durante un minuto en inferioridad.
El objetivo merece apoyo. Reducir las pérdidas de tiempo es bueno para el fútbol. Precisamente por tratarse de un ensayo, también debe servir para comprobar si el remedio realmente mejora el problema. Porque quizá la solución no deba consistir en trasladar al equipo una consecuencia deportiva por cada atención médica, sino en distinguir mejor entre la lesión real y la utilización táctica de la lesión.
De momento, la paradoja está servida. Queremos perder menos tiempo atendiendo lesiones y hemos creado un procedimiento que puede añadir más gestión al partido y castigar también a quien de verdad se ha lesionado.
