ATLETISMO

World Athletics Ultimate Championship. Cuando innovar también es hacer crecer el deporte

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El pasado viernes disfruté del estreno del World Athletics Ultimate Championship de Budapest y me daba la sensación de estar viendo algo distinto. Seguía siendo atletismo. Los cien metros seguían midiendo cien metros y una pértiga seguía decidiendo quién era capaz de saltar más alto. Pero alrededor de todo aquello había cambiado casi todo.

Antes de competir, los atletas aparecían vestidos de calle, pasaban por una alfombra roja, concedían entrevistas en un entorno mucho menos encorsetado que la tradicional rueda de prensa y generaban contenido para medios y redes. Después llegaba una competición mucho más concentrada, una realización televisiva diferente y, al terminar, tampoco aparecía la ceremonia habitual. El campeón recogía su propio trofeo junto a la zona de competición mientras vídeo, sonido y pirotecnia convertían el momento en parte del espectáculo.

No era casualidad. World Athletics no ha creado simplemente otro campeonato. Ha intentado construir un producto deportivo diferente.

La primera edición del Ultimate Championship ha reunido en Budapest a 381 atletas de 65 federaciones para disputar 28 pruebas durante tres noches. Cada sesión dura alrededor de tres horas. En muchas disciplinas se han eliminado las rondas preliminares y el objetivo es reunir directamente a campeones olímpicos, campeones mundiales, ganadores de la Diamond League y algunos de los mejores atletas del año. Menos espera y más enfrentamientos relevantes.

Primero conocer al deportista

Una de las novedades más interesantes comenzó incluso antes de que sonara el primer disparo de salida. World Athletics sustituyó buena parte del tradicional programa previo de prensa por The Day Before, una jornada en la que alrededor de 200 atletas compartieron espacio con más de 200 profesionales de medios y televisión. Alfombra roja, entrevistas, creación de contenidos y una intención reconocida por la propia organización. Que los deportistas pudieran mostrar también su personalidad y sus patrocinadores personales.

La idea parece sencilla, pero contiene una reflexión importante para muchas organizaciones deportivas. El deportista ya no puede aparecer únicamente cuando empieza la competición. También forma parte de la construcción del producto.

Noah Lyles ha participado precisamente como asesor creativo del campeonato. Algunas de sus ideas han llegado incluso al diseño de los trofeos. Mondo Duplantis ha compuesto el himno del evento. World Athletics ha decidido incorporar a sus estrellas no solamente como participantes, sino también como parte de la forma en la que la competición se presenta.

Cambiar el envoltorio sin cambiar el deporte

La experimentación continúa dentro del estadio. El interior negro de la pista busca dirigir visualmente la atención hacia la prueba que está activa. La retransmisión incorpora nuevos gráficos y datos. En los 200 metros se ha probado incluso un sistema de elección de calle y semifinal denominado lane draft. En determinados concursos se han modificado también los sistemas de desempate y de eliminación para acelerar el desarrollo.

Y después están los premios. No hay medallas. Cada participante recibe una pulsera personalizada y el campeón obtiene un trofeo diseñado para completarse con ella. Tampoco existe el podio tradicional. El ganador recoge el trofeo directamente y comienza inmediatamente su particular celebración con el público.

Todo busca crear una identidad propia. Porque lanzar una nueva competición no consiste únicamente en inventar un nombre y añadirlo al calendario. Hay que conseguir que el espectador perciba que está viendo algo que no veía antes.

Diez millones para cambiar también el valor del atleta

El otro gran mensaje está en el dinero. El World Athletics Ultimate Championship reparte 10 millones de dólares en premios, la mayor bolsa económica ofrecida en una única competición de atletismo. Cada campeón individual recibe 150.000 dólares. El segundo, 75.000. El tercero, 40.000.

La comparación permite entender su dimensión. La saltadora australiana Nicola Olyslagers reconocía después de terminar segunda que los 75.000 dólares obtenidos en Budapest superaban el premio recibido cuando fue campeona mundial.

También aquí existe una decisión de producto. Si se pretende presentar a los participantes como algunas de las grandes estrellas del deporte mundial, su recompensa económica debe contribuir a reforzar ese relato.

Una federación que también prueba

Probablemente esta sea la parte más interesante desde Deporte de Ley. Una federación internacional tiene que regular, organizar competiciones, establecer calendarios, proteger la integridad y administrar su deporte. Pero también puede asumir otra responsabilidad. Intentar hacerlo crecer.

Y crecer obliga a experimentar. World Athletics ha concebido el Ultimate Championship también como un espacio para probar formatos, tecnología, presentación y nuevas maneras de relacionar deportistas y aficionados. Sebastian Coe lo ha definido como un entorno de innovación. La primera noche reunió a 20.557 espectadores en Budapest.

Seguramente no todo funcionará. Algunas ideas sobrevivirán y otras desaparecerán. Pero quizá ahí esté precisamente lo relevante.En muchas ocasiones hablamos de atraer nuevas audiencias, mejorar la experiencia del aficionado o competir por la atención de las generaciones más jóvenes. Después, sin embargo, cuesta enormemente modificar cualquier elemento de formatos que llevan décadas prácticamente intactos.

Budapest propone una reflexión diferente. El atletismo sigue siendo atletismo. Nadie ha cambiado la distancia de los cien metros ni la altura del listón.

Lo que World Athletics está intentando cambiar es la forma de conseguir que más gente quiera mirar. Y eso también forma parte de la gestión del deporte.

DeporteDeLey

Autor/a y colaborador/a de Deporte de Ley.

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