BALONCESTO

20 años de BA-LON-CES-TO

CompartirXLinkedInWhatsAppEmail

Hay historias deportivas que parecen inevitables cuando se cuentan veinte años después, pero casi nunca lo fueron. La España campeona del mundo en Saitama es una de ellas. Antes del oro, antes de la celebración y antes de aquella selección convertida definitivamente en una de las grandes potencias del baloncesto mundial, hubo un balón en las manos de Andrés Nocioni y un lanzamiento desde la esquina que pudo cambiar toda la historia.

España ganaba 75-74 a Argentina en la semifinal. Quedaban segundos, Manu Ginóbili penetró y encontró completamente liberado a Nocioni. El triple golpeó el aro y no entró. España estaba por primera vez en una final mundialista. Si aquel balón hubiera entrado, probablemente hoy recordaríamos de manera muy distinta el verano de 2006.

Y todavía faltaba otro golpe. Pau Gasol había sufrido en esa semifinal una fractura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo y no podría disputar la final. El mejor jugador de España, que terminaría siendo elegido MVP del Mundial, tendría que verla desde el banquillo. Frente a Grecia, que acababa de eliminar a Estados Unidos, España respondió con una de las mayores exhibiciones colectivas de su historia. Ganó 70-47, con 20 puntos de Jorge Garbajosa, otros 20 de Juan Carlos Navarro y una defensa extraordinaria.

Aquel 3 de septiembre de 2006 significó mucho más que el primer Campeonato del Mundo del baloncesto español. Fue la confirmación definitiva de una generación que llevaba años anunciándose, la de los llamados Juniors de Oro, y sobre todo cambió la percepción de lo que España podía aspirar a conseguir.

Saitama hizo que ganar dejara de parecer excepcional.

Después llegaron más oros europeos, otro Mundial en 2019 y las medallas olímpicas. Pero veinte años después quizá lo más importante no sea únicamente el palmarés. Fue la forma de hacerlo. Un equipo que se divertía compitiendo, que convirtió la amistad y el sentimiento colectivo en una ventaja deportiva y que consiguió que millones de personas se reconocieran en él.

Muchos niños que vieron aquella final terminaron jugando al baloncesto soñando con ser Pau, Navarro, Calderón, Garbajosa, Felipe o Rudy. Y muchos adultos entendieron entonces que aquella selección no era solo buena. Era especial.

El deporte se construye muchas veces sobre detalles mínimos. Un tiro entra o no entra, un jugador se lesiona, otro debe asumir su responsabilidad y una generación encuentra el momento que transforma su historia.

El triple de Nocioni no entró.

Y veinte años después seguimos hablando de BA-LON-CES-TO.

DeporteDeLey

Autor/a y colaborador/a de Deporte de Ley.